Tengo grabado en mis recuerdos los días jueves y domingos como los más importante de mi niñez
gastronómicamente hablando, los días de las pastas. Los jueves mi madre me mandaba al almacén de
Aquilino Alonso en Añasco y Avellaneda, Caballito, a comprar los fideos secos que se vendían sueltos.
Recuerdo unos cajones muy grandes que tenían atrás del mostrador de donde los sacaban y los ponían en la balanza arriba de un papel blanco con el cual después los envolvían. Y luego los domingos, cuando los ravioles caseros eran el centro de la mesa con esa salsa de tomate gruesa y sabrosa que perfumaba toda la casa y hacían la delicia mía y de todos mis hermanos. Debo reconocer que ella sabia lo que producían en nosotros esas pastas y que modestamente "presumía" de ello, haciéndonos decir que como los ravioles de la vieja no había fabrica que pudiera igualarles. La vuelta de la vida ha querido que pudiéramos tener esos mismos ravioles al alcance de la gente en una fabrica de pastas que nos llena de orgullo. La Presumida, nombre en honor a mi madre, es una familia que le pone todo el cariño y la mejor calidad en su materia prima para darles la variedad de las más ricas pastas frescas. Hoy entrar a uno de nuestros locales es como volver a mi casa, y ver a mi madre amasando la felicidad de un chico.